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El talento no está 300 metros

Por 20 noviembre, 2018 Sin comentarios

Artículo de David Blay Tapia, autor de “¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa?“.

 

Muchas empresas no son conscientes, pero a lo largo de los últimos años han perdido enormes oportunidades de ser más competitivas por el mero hecho de no ser capaces de flexibilizar sus tareas. Porque, en la era de internet, la gente buena es accesible desde cualquier lugar. Al fin y al cabo, la mayoría de los trabajos solo necesitan un ordenador y un teléfono para ser ejecutados.

Muchas compañías se comparan con valores deportivos, poniendo como ejemplo el Athletic de Bilbao de fútbol. Un club que apuesta por jugadores únicamente de su tierra como filosofía y al que no se le exigen grandes resultados. Pero, por eso mismo, un equipo que salvo conjunción estelar de una generación concreta no podrá crecer a nivel económico por no estar inmerso de manera habitual en las competiciones que más dinero generan en Europa.

David Blay

Aquello de que solo en España se entiende cómo se trabaja en España es una falacia. Como ejemplo, si un directivo (que habitualmente se queja de la productividad de su plantilla pero no es capaz de ponerles objetivos claros a corto, medio y largo plazo) ficha a un informático americano y le da unas tareas concretas, con el cambio horario cuando se levante las tendrá hechas. Sin necesidad de esperar al horario laboral convencional.

Pero la mayoría de los puestos de responsabilidad no perciben el trabajo flexible, o incluso el teletrabajo, como un factor ventajoso, sino todo lo contrario. Y, curiosamente, ellos suelen viajar fuera de su oficina alrededor de 90 días de media al año, por lo que si no ejercieran sus fundamentos estarían, en teoría, dejando de lado sus obligaciones un tercio de los días laborables.

¿Qué problema hay en que alguien con una madre enferma se quede en casa a trabajar, si cumple con sus obligaciones y además no solo no tiene que pagar un cuidador sino que genera un sentimiento de gratitud hacia la empresa que se lo permite? ¿Por qué hay que fichar, si cada persona es capaz de hacer las tareas en horarios y tiempos diferentes, exactamente como ocurría cuando todo el mundo estudiaba en la Universidad? ¿Cómo pretendes retener el talento si le haces levantarse a las seis de la mañana, cogerse un atasco de una hora, buscar aparcamiento y después de todo el día volver sin tiempo alguno para el ocio? ¿Quién te dice que para firmar a un genio a 600 kilómetros de la ciudad debes hacerle una oferta mareantemente, trayéndolo desde su hogar y desequilibrándole emocionalmente, en lugar de pagarle menos y tenerlo motivado, reuniéndote por Skype cada día?

Podría seguir haciendo preguntas, porque por cada mito sobre el trabajo remoto hay una respuesta. Básicamente, porque incluso aquellos que lo han implantado han cometido un enorme error: no haber realizado formación alguna a sus trabajadores. De este modo, las conclusiones serán distintas en cada caso, puesto que por mucho que creamos que es distinto, en realidad el método es el mismo. Quien sea responsable lo seguirá siendo. Quien no, exactamente igual. Pero con una salvedad.

En un planteamiento por objetivos, y no por horas, a quien no funciona se le detecta. Mientras que en un colectivo dentro de una oficina, esta persona puede pasar desapercibida o conseguir disimularse entre la cantidad total de tareas a cumplir.

Tampoco va a incidir el hecho de que la gente no esté constantemente rodeada de sus compañeros. Por dos motivos. El primero es que no todo el mundo se lleva bien en el mismo espacio. Y el segundo, que el contratante no suele contabilizar, es que podrán quedar a tomar café con personas diferentes, de ámbitos distintos y con ideas diversas. Y del hecho de tocar otros sectores, y no siempre el mismo, aparecerán oportunidades y hasta ideas imposibles de percibir en un ambiente cerrado y endogámico.

Estamos preparados para instaurar el teletrabajo. Lo que no quiere decir, ojo, que sea la panacea ni que pueda (o deba) hacerlo todo el mundo. Pero somos la primera generación de la historia de la humanidad que puede trabajar desde donde quiera. Y, en lugar de aprovechar la tecnología para tener más tiempo para nosotros, estamos convirtiéndonos en personas más estresadas y con menos horas de ocio y conciliación que las que tenían nuestros padres. Y eso ya es decir mucho.