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Claves para desarrollar la inteligencia emocional

Por 25 octubre, 2022No Comments

En el año 1995, la obra Inteligencia Emocional del periodista y psicólogo Daniel Goleman se convertía en un best seller. Aunque el éxito de Goleman es indudable, Salovey y Mayer ya habían acuñado el término inteligencia emocional en un artículo publicado en 1990.

“Goleman cuestiona la supuesta superioridad de lo racional sobre lo emocional. Se basa en la premisa de que el cociente intelectual es invariable a lo largo de nuestra vida, mientras la inteligencia emocional es una habilidad que evoluciona y que, además, podemos potenciar”, explica José Antonio Muñoz, especialista en inteligencia emocional y psicología positiva.

Daniel Goleman plantea en su libro Inteligencia Emocional este modelo con cinco componentes que revisa posteriormente. El modelo se quedaría así:

Modelo Daniel Goleman

Fuente: gráfico elaborado por José Antonio muñoz a partir de la teoría de Daniel Goleman

Desde la publicación del libro Goleman, se han desarrollado diversos modelos alrededor del concepto de inteligencia emocional. “Todos coinciden en que existen unas competencias emocionales y los autores están de acuerdo en que estas se pueden aprender y entrenar, y que son sumamente importantes para la vida por la implicación que tienen en el trabajo, la educación y la salud”, añade José Antonio.

La inteligencia emocional intrapersonal e interpersonal

Cuando trabajamos la inteligencia emocional, diferenciamos entre inteligencia intrapersonal e inteligencia interpersonal.

“Al trabajar la inteligencia emocional es indispensable trabajar primero la inteligencia intrapersonal. Esto implica hacer un trabajo profundo de autoconocimiento, autorregulación y automotivación de modo que tengamos una sana gestión emocional y una sana relación con nosotros mismos.

Posteriormente, pasaríamos a trabajar la inteligencia interpersonal, que está relacionada con la conciencia social y las habilidades sociales. Así, podremos construir relaciones de abundancia con los demás”, afirma Begoña Lorenzo, formadora de programas de competencias emocionales.

Begoña explica por qué las diferentes formaciones a equipos sobre comunicación, trabajo en equipo o empatía no obtienen siempre los resultados esperados. “Solo cuando me relaciono bien conmigo tengo herramientas para poder relacionarme de manera saludable con los demás. Muchos conflictos de comunicación (inteligencia interpersonal) tienen su raíz en una mala comunicación conmigo (inteligencia intrapersonal). Como dice el viejo refrán español: “Nadie da lo que no tiene”. Si quieres relacionarte bien con otros, empieza por ti”.

claves inteligencia emocionalLas 5 habilidades para potenciar la inteligencia emocional

Autoconocimiento

Tenemos que buscar el momento para autoanalizarnos, descubrir por qué sentimos determinadas emociones y tratar de evaluar el motivo que las produce.

De esta manera, conseguiremos saber cuáles son nuestros puntos fuertes y débiles, y alcanzaremos un mayor autocontrol.

“Necesitamos parar, escucharnos, tomar consciencia de qué pensamos y sentimos, y actuar en consecuencia. Es fundamental reflexionar acerca de nuestra respuesta emocional a las distintas situaciones e identificar lo que te está diciendo: ¿deberías seguir tu emoción o sentimiento, o ampliar tu visión para cambiarlo?

Podemos desarrollar la capacidad para que las emociones trabajen para nosotros a través de las competencias personales (autoconocimiento, autogestión) y sociales (consciencia social, gestión relacional)”, afirma Belén Vallvé, coach certificada por ICF, quien propone un método para comenzar a reconocer nuestras emociones.

“Podemos empezar llevando un registro emocional durante quince días, donde recojamos qué hechos o circunstancias han producido el o los pensamientos que me llevan a sentir las emociones que registro, las necesidades que hay detrás de cada emoción, las sensaciones corporales que la acompañan, comportamientos que tienes como resultado: ¿querías haber actuado de esa manera o te hubiera gustado hacer algo distinto? ¿qué información te proporciona tu emoción acerca de ti mismo, de una relación, de tus progresos, …? ¿qué aprendizajes extraes cuando no has actuado como querías?”, concluye Belén.

“El autoconocimiento nos invita no solo a comprender nuestras emociones, sino que nos impulsa a bucear en las distintas facetas que forman parte de nuestra identidad y que nos permiten dar respuesta a los grandes interrogantes de la vida: ¿quién soy? ¿para qué estoy aquí? ¿a dónde quiero llegar? Para ello, nada mejor que permitirnos tomar un café con nosotros mismos. Con otras palabras: estar abierto a parar, reflexionar y escuchar nuestro interior, explica Marlene Pinho, coach certificada por ICF y formadora de inteligencia emocional.

Todas las emociones son necesarias, ya sean agradables o desagradables. Algunas emociones desagradables son el enfado, el miedo o la tristeza. Estas, generalmente, nos llevan a ver las cosas bajo un prisma más depresivo, lo que puede condicionar nuestras decisiones. En cuanto a las emociones agradables, como el caso de la alegría, nos impulsan a repetir las acciones que las desencadenan.

Sin embargo, será importante evaluar por qué se producen esas emociones y su intensidad para saber si son adecuadas para nosotros y nuestro entorno en el momento en que se producen.

Autocontrol

Como se indicaba en el punto anterior, para conseguir un buen autocontrol, primero debemos desarrollar un autoconocimiento, lo que contribuirá a que seamos más reflexivos y coherentes con nuestras acciones.

“Podríamos decir que el autocontrol es “actuar con conciencia”. Cuando recibimos un mensaje o un estímulo, se produce un cambio interno, tanto a nivel corporal como emocional. Si somos conscientes de este cambio interno (autoconocimiento), podremos elegir qué acción o respuesta queremos dar. Esto sería actuar con autocontrol.

Esos estímulos, que nos provocan un cambio interno, pueden venir tanto del exterior (a través de acontecimientos externos a nosotros que no podemos controlar), como del interior (a través de nuestros propios pensamientos, que sí podemos controlar)” detalla Raquel Rodríguez, experta en inteligencia emocional. Por ello, en este punto resulta vital que aprendamos igualmente a controlar lo que pensamos.

Muchas veces, los pensamientos que generamos son fruto de nuestras propias experiencias previas o están condicionados por nuestras creencias o ideas y no se corresponden con la realidad de los otros. Por ello, antes de manifestar cualquier pensamiento es crucial haber reflexionado sobre el mismo.

Y precisamente, el desarrollo de ese autocontrol hará que se mejore la relación con uno mismo y con los demás, provocando, a su vez, que nuestro día a día se desenvuelva de manera adecuada.

Motivación

Si tuviésemos que definir de una manera sencilla la motivación, lo podríamos hacer de la siguiente manera: motivación = motivo + acción. “La motivación es el motivo que te lleva a la acción y cada persona se sentirá motivada a realizar una determinada acción cuando tenga un motivo suficiente para ponerse en movimiento”, explica Raquel.

¿Y cómo conseguir ese motivo para iniciar la acción deseada? Nos podríamos basar en tres pilares: el logro, el compromiso y la iniciativa.

El logro tiene que ver con el impulso de la persona para alcanzar el éxito; el compromiso, con la capacidad para cumplir una tarea determinada; y la iniciativa con la capacidad de poder superar la inercia y comenzar a trabajar en nuestros objetivos.

Llegados a este punto, es importante comprender que “hay un único creador de la motivación: uno mismo. Y esa motivación es el resultado de nuestros pensamientos. La motivación nace con un motivo en el que de verdad creamos, que nos lleve a tomar un compromiso firme con una elección que te lleve hacia la acción”, añade Raquel.

¿Y cómo podemos conseguir motivar a otros? Ya sean amigos, familiares o compañeros de trabajo, lo primero es estar motivados nosotros mismos. Los siguientes puntos serían: tener una meta clara, definida y específica; mantener la motivación alimentándola de manera constante y expresar el progreso que realiza la persona a través de nuestro reconocimiento.

Empatía

“La empatía se puede definir como la capacidad de ponerse en el lugar del otro, aunque es una definición un poco escasa, ya que interviene que el otro note nuestra comprensión.

No es necesario estar de acuerdo, ni secundar con una opinión, ni solucionar el problema del otro. Se basa en entender cómo se siente el otro y por los sentimientos que está pasando.

La empatía es una gran herramienta, siempre y cuando no sea en exceso, ya que seríamos víctimas de los sentimientos de los demás y nos dejaríamos arrastrar por sus problemas, caeríamos en el paternalismo y sufriríamos con la otra persona”, detalla María José Romera, formadora especializada en habilidades comerciales, directivas, emocionales y sociales.

Esta habilidad se adquiere poco a poco y es un paso al que se llega una vez que hayamos logrado un mayor conocimiento de nosotros mismos.

En este caso, hay que desarrollar una gran habilidad, pues la mayoría de las personas, en ciertos ámbitos, como el laboral, no expresa verbalmente su estado anímico. Sin embargo, este se suele mostrar a través del lenguaje no verbal, por lo que habrá que estar atento a estas manifestaciones si deseamos ser más empáticos.

Habilidades sociales

Son el conjunto de capacidades y herramientas interpersonales que nos permiten relacionarnos adecuadamente con los demás.

Podríamos decir que es el arte de la comunicación eficaz. ¿Y qué necesito para desarrollarla? En primer lugar, la empatía, seguida de la escucha activa y la asertividad, sin perder de vista la utilización de un lenguaje adecuado, tanto verbal como no verbal. Es decir, entraría dentro del desarrollo de la inteligencia interpersonal.

El desarrollo de todas estas habilidades nos llevará a establecer contacto con los demás de forma más profunda; a lidiar, por ejemplo, de manera correcta en conflictos que puedan aparecer en nuestro día a día y, en consecuencia, a propiciar relaciones sanas enriqueciendo nuestra vida social. 

Beneficios de la inteligencia emocional en el ámbito laboral

Por todo lo comentado anteriormente, se hace palpable que la inteligencia emocional nos puede proporcionar múltiples beneficios en nuestro día a día, incluyendo el ámbito laboral.

Para Carmen Parrado, especialista en soft skills y competencias directivas, “el gran desafío de las organizaciones del siglo XXI es aprender a gestionar con inteligencia emocional en el ámbito laboral.

Las emociones pueden traducirse en rentabilidad o problemas, dependiendo de quién las gestione.

La inteligencia emocional en el ámbito empresarial permite “elevar la capacidad de resiliencia; mejorar la gestión emocional, generando conductas equilibradas; mejorar las capacidades de comunicación, escucha y empatía; desarrollar una autoestima sana y la capacidad de automotivación y autoconfianza; o, por último, reconocer la unicidad de cada individuo evitando conflictos interpersonales.

Esto significa que la toma de decisiones, la gestión del estrés propio y de otras personas, la mejora de la cultura de la comunicación, la negociación por principios, el desarrollo de la prevención y resolución de conflictos, entre otros muchos factores esenciales en el ámbito laboral, no serían posibles sin el aprendizaje de la inteligencia emocional.

La finalidad es crear una mentalidad de crecimiento o growth mindset con la que se lidera y se trabaja en equipo de forma eficiente. Sin olvidar el cuidado y el bienestar de todos los miembros de la plantilla”.

Raquel Rodríguez coincide con Carmen en la importancia que tiene la inteligencia emocional en el ámbito laboral, ya que “por una parte, en lo que a la inteligencia intrapersonal se refiere, podemos mejorar nuestra gestión del estrés y gestión del tiempo, así como nuestra autoestima, consiguiendo una mejor relación con nosotros mismos y con nuestro propio puesto de trabajo.

Por otro lado, desarrollando la inteligencia emocional de manera interpersonal conseguiremos mejorar nuestras relaciones en el trabajo, tanto con compañeros como con clientes o superiores, aumentar nuestra empatía y tener más herramientas para saber gestionar conflictos.

En definitiva, conseguiremos un ambiente adecuado para realizar nuestro trabajo, consiguiendo ser más eficientes y competitivos en nuestro día a día laboral”.

Como se ha mencionado, nuestra capacidad intelectual no es definitiva para alcanzar el éxito, hay que desarrollar las habilidades emocionales. De hecho, “en el mejor de los casos, el cociente intelectual parece aportar entre un 10% y 20% de los factores determinantes del éxito” tal y como explica Daniel Goleman en su libro Inteligencia Emocional (1995).

El equilibrio entre ambas es lo que realmente lleva a que triunfemos en aquellos objetivos que nos hayamos propuesto en cualquier ámbito, ya sea familiar o profesional.

En definitiva, la inteligencia emocional es una llave que permite abrir las puertas hacia una vida más saludable y equilibrada. Es un proceso que requiere de un aprendizaje pautado junto a un entrenamiento específico. Si se consigue, notaremos una mejora en nuestras relaciones personales y podremos iniciar el camino hacia el liderazgo en el ámbito profesional.

IOR Consulting

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