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Los estilos de liderazgo en las organizaciones

Por 18 abril, 2022No Comments

Ser líder en una organización no es tan sencillo, pues influyen aspectos como la propia personalidad hasta las singularidades de los miembros del equipo.

¿En qué consiste el liderazgo empresarial?

El liderazgo empresarial implica saber dirigir a una serie de personas con una finalidad: cumplir con los objetivos establecidos por la compañía.

En torno a este rol hay muchos mitos, como el hecho de pensar que para ser líder hay que “haber nacido para ello”, afirmación que resulta incierta, ya que se puede aprender a ser un líder.

Del mismo modo, es importante saber que hay diversas teorías que recogen distintos estilos de liderazgo, cada uno con sus pros y contras.

Para Ana María Pittaluga, consultora de negocios, “para liderar a otros, primero debemos liderarnos a nosotros mismos”. Para ello, existen diferentes metodologías, como la de The Lider Lab,  basada en tres pilares: pensamiento, emoción y acción. “Cada líder obtiene herramientas para reforzar y desarrollar el autoconocimiento, autoobservación, autoeficacia y la disciplina personal que de manera integral ayudan crear un nuevo liderazgo de adentro hacia afuera”, afirma la consultora.

“Esta filosofía les ayuda a tomar conciencia de que son el reflejo de lo que piensan y de que tienen la posibilidad de aprender a reprogramar su mente para ser líderes más conectados a nuestro poder personal, con mayor inteligencia emocional, generadores de oportunidades y agentes de cambio con sus equipos”. Es darle las herramientas para que vivan un proceso de transformación personal para convertirse en el líder que se necesita SER para HACER que las cosas sucedan”.

Aurora Fernández Sánchez, asesora en transformaciones culturales y liderazgo, considera que “el liderazgo es como la belleza: difícil de describir, pero fácil de reconocer”, según afirma el autor Warren Bennis.

La condición de líder no la otorga ni la organización ni uno mismo, sino tan solo los demás en la medida en que lo reconozcan como tal. De ahí su complejidad. El liderazgo es una relación que conecta sentimientos, vincula personas y afecta a sus conductas de tal modo que permite que “se consiga lo que se quiere conseguir” más allá de “hacer lo que se pide”. Es la capacidad de crear el entorno emocional para que las cosas que se quiere que pasen, pasen, basado en la confianza, sentido del propósito, motivación, valoración e inspiración.

Los proyectos se gestionan, las personas se lideran. Por lo que el liderazgo es una responsabilidad frente a las personas con las que se colabora, que comienza con una actitud frente a la vida y de trabajo personal continuo en el que el otro juega un papel protagonista”.

Habilidades de un líder

“Todas las personas contamos con un potencial de liderazgo innato. Nacemos con unas habilidades y rasgos de liderazgo que, como cualquier otra habilidad y competencia profesional, necesitamos trabajar y desarrollar de manera consciente y efectiva, afirma Lydia Cuervo, coach de desarrollo de liderazgo.

“La palabra liderazgo hace referencia al conjunto de habilidades y competencias gerenciales o directivas que una persona posee para influenciar, motivar y conducir a un grupo de personas hacia el logro de un objetivo común. Dicha capacidad incluye un conjunto de rasgos, habilidades, aptitudes, comportamientos y procesos de interacción que hacen posible la gestión exitosa del capital humano hacia el objetivo trazado”.

Entre las habilidades que cobran especial relevancia en el liderazgo efectivo, Lydia destaca la auto-conciencia: todos los líderes deben conocer y entender las habilidades que tienen desarrolladas y cuáles necesitan ser mejoradas. Este autoconocimiento brinda el insight necesario para poder crear equipos de alto rendimiento y establecer metas y una visión realista y alcanzable.

Otras habilidades son la habilidad de visión de futuro, de crear y articular una visión o meta (parte fundamental del logro de objetivos), la responsabilidad personal y la persuasión”.

estilos de liderazgoEstilos de liderazgo

Los estilos de liderazgo pueden ayudarnos a identificar a cuál pertenecemos y qué podemos mejorar. Sin embargo, un líder es aquel capaz de comunicarse con eficacia con su equipo, con habilidades para influenciarlo y estimularlo, incentivando su capacidad creativa y, finalmente, consiguiendo los objetivos establecidos por su compañía.

No obstante, resulta una tarea compleja y, en ocasiones, la configuración de los miembros del equipo, sus personalidades, el entorno de trabajo e, incluso, las propias circunstancias personales pueden influir en la labor del líder.

“Habitualmente, confundimos la dirección de un equipo con liderar un equipo”, afirma Aurora Fernández, quien añade que “existen múltiples formas de dirigir un equipo, pero liderar normalmente conlleva unas dimensiones específicas por las que el equipo te reconoce como tal. Trabajar en esas dimensiones es responsabilidad del líder, entre las que está el reconocimiento de su propio estilo de liderazgo y adaptarlo a las necesidades del entorno y colaboradores. No existen estilos de liderazgo mejores ni peores, la clave está en conocerse bien a sí mismo e identificar los impactos que podemos causar por ello”.

Algunos estilos están más relacionados con nuestro propio estilo personal como consecuencia de nuestras preferencias innatas:

Directo y pragmático

 Su fortaleza está en su determinación y rapidez en la toma de decisiones, orientado a la consecución de resultados en el corto plazo y con gran capacidad resolutiva e independencia.

Llevado al extremo, estos líderes suelen imponer las cosas y las decisiones no se toman por consenso. Son ellos los que determinan qué hacer en cada uno de los procesos o situaciones laborales. Son personas que actúan por sí mismas, que no tienen en cuenta al resto de los trabajadores y que no admiten opiniones diferentes. Solo la suya es válida.

Esta postura es positiva cuando hay que cumplir objetivos bajo presión y en tiempos de plazo limitados o muy estrictos. Los subordinados se pueden frustrar al no poder desarrollar su creatividad y depender de un individuo al que, generalmente, pueden ver excesivamente controlador.

“Son líderes que se mueven en la exigencia, en lugar de promover la excelencia, generando y apoyando culturas sancionadoras donde el error no tiene cabida, donde se habla más de culpabilidad que de responsabilidad, provocando con ello relaciones distantes y superficiales con el equipo en las que la comunicación puede distar mucho de ser abierta y sincera.

Les resulta difícil confiar en sus colaboradores pues tienen la creencia de que solo con su intervención es posible recoger éxitos, lo que les impide delegar”, añade Marta Vadillo, consultora experta en Liderazgo y Cultura Corporativa.

Democrático o participativo

Este modo de liderar es totalmente contrario al expuesto en primer lugar. En este caso, sí se tiene en cuenta lo que piensan el resto de los miembros del grupo. Siempre se les escucha a todos, lo que incentiva la colaboración.

El líder en este caso se implica y desea que el resto de sus compañeros evolucionen y aprendan, porque considera que será beneficioso para conseguir las metas establecidas. Al mismo tiempo, él aprende y todos salen ganando.

Algunos expertos consideran que este tipo de liderazgo es uno de los más efectivos porque se consigue una mayor motivación y creatividad. Todos se consideran importantes en la tarea que se les ha encomendado y buscan ejecutarla con ganas y entusiasmo.

Sin embargo, como aspecto en su contra, podemos encontrarnos con que el equipo tiende a ser menos productivo. Por ello, es fundamental involucrar a todos los integrantes para llegar a la obtención de los objetivos pautados.

Para Eduard Ramos, coach en innovación y cohesión de equipos, “este tipo de liderazgo puede ser el adecuado para equipos en los que se requiere un elevado nivel de creatividad y adaptación al cambio.

Puede corresponder a un estilo de gestión compatible con modelos Agile en los que predomina la autoorganización. El reto del líder es ser consciente de que está al servicio del equipo y no justo lo contrario, así como no ceder a la tentación del micromanagement para no perder el control del proceso. Se responsabiliza de los resultados, pudiendo intervenir proponiendo mejoras, admitiendo que la suma del conjunto supera a la de cada uno de los miembros”.

Relacional o carismático

 Su principal fortaleza está en su capacidad relacional, creando y manteniendo amplias redes sociales con una gran capacidad de persuasión e influencia. Contagian una actitud optimista y abierta, mostrándose proactivos, dinámicos y cercanos. Son dinamizadores natos.

El riesgo está en poder ser percibidos como poco realistas con necesidad de protagonismo. Tratan de minimizar el conflicto, evitando abordar temas más complejos, que podrían a la larga dañar las relaciones. 

Analítico o Coordinador

Tienen como fortaleza su orientación por la calidad, por el trabajo bien hecho y orientado a resultados. Valoran el orden y la precisión de lo que se hace, así como cumplir plazos y procedimientos.

En extremo pueden caer en el perfeccionismo y exceso de burocracia, pudiendo suponer una fuente de frustración para los equipos. Su prudencia para la toma de decisiones pudiera hacerles ver como indecisos.

Transformacional

El liderazgo transformacional es también calificado por muchos expertos como uno de los más acertados. Este tipo de líder es natural, carismático y fomenta la comunicación entre sus empleados.

Tiene inteligencia emocional, es como una especie de coach que sabe sacar lo mejor de cada uno y esto se traduce en unos mayores niveles de productividad.

La desventaja es que algún miembro del equipo no entienda bien esta postura y no consiga respetar al líder. De igual modo, todos los integrantes deberán estar de acuerdo con esta forma de dirigir y en sintonía con la línea estipulada por la empresa.

Isabel Selva, periodista y coach experta en comunicación y liderazgo, considera que “este tipo de liderazgo es el que requiere las empresas, las organizaciones y los países. Un liderazgo transformacional, inspirador, que quizá pueda contraponerse a un liderazgo autoritario.

Si el liderazgo es un proceso de desarrollo personal, de autoconocimiento, cualquier otro estilo estaría en ese proceso hasta llegar a convertirse en un líder o una líder transformadora. Tiene que ver con ser líder coach y tener unas habilidades relacionadas con la empatía, con contribuir al desarrollo de las personas en los equipos, con tomar riesgos porque además obtienes el compromiso de tus colaboradores, ya que se sienten participes de la consecución de esa visión compartida.

Se impone un liderazgo con habilidades relacionadas con la inteligencia emocional que tienen en su mayoría las mujeres, lo que no quiere decir que no las tengan muchos hombres. Sin embargo, cuando ellos muestran estas competencias, no se les valora como buenos líderes. Se ve más competente al narcisista que tiene precisamente habilidades para llegar al poder, pero una vez que ha llegado, mira más por su carrera personal que por el bien común de su equipo. Nos falta que la forma de liderar de las mujeres se perciba como una forma de ejercer el poder”.

«Para que haya compromiso en un equipo, en una organización, en una empresa, con el fin de remar en la misma dirección, se deben de dar dos requisitos fundamentales: que la persona sea el centro y que seamos capaces de generar espacios donde podamos ser y queramos estar”, afirma Lourdes Martínez, coach especializada en liderazgo femenino.

“Esto supone desarrollar un interés genuino por la persona y que se cumplan una serie de condiciones: visión compartida, valores, confianza, aprendizaje, reconocimiento del talento, posibilidad de crecimiento personal y profesional, etc.

Cuando se dan estas circunstancias, no solo obtenemos equipos más comprometidos y felices, sino que la productividad y la rentabilidad también aumentan.

Desarrollar habilidades, que potencien estos dos requisitos, es lo que diferencia a un líder inspirador y transformador de un jefe a quien nadie quiere seguir”.

Para Ana Calero, coach experta en Inteligencia Emocional, PNL & Mindfulness, se trata de un liderazgo transformador, capaz de generar un espacio de confianza y seguridad, en el que las personas que integran su equipo puedan crecer, y sus errores sean considerados como oportunidades “reales” de aprendizaje. En la práctica, su esencia se manifiesta a través de un liderazgo inclusivo y consciente, que consigue que las diferencias sumen y la diversidad sea una palanca competitiva.

El líder se convierte en un “catalizador” para su equipo. Su función principal es canalizar y liberar el talento de cada uno de sus colaboradores para que alcancen su mejor versión y donde el talento total resultante sea mayor que la suma del talento individual de cada integrante. Todo esto se consigue mediante la conexión emocional que el líder establece con sus colaboradores, siendo su ejemplo, con la práctica de un feedback bidireccional y el uso de las preguntas para facilitar el aprendizaje y la toma de decisiones por parte de sus colaboradores.

Transaccional

La postura transaccional es algo controvertida. Esta se basa en la recompensa y el castigo, con el objeto de estimular. No se tiene en cuenta nada más que el trabajo bien hecho y se dejan al margen las cuestiones emocionales. Es decir, no se potencia la estimulación.

Es una forma de liderar muy agresiva que en determinados ámbitos puede funcionar, pero en aquellos donde sea necesario innovar o desarrollar las habilidades personales no será efectivo.

IOR Consulting

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