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Los retos del sector agroalimentario

Por 16 febrero, 2022No Comments

El sector agroalimentario se enfrenta a una serie de retos a lo largo de los próximos años marcados, entre otros aspectos, por las tendencias de consumo, así como por las nuevas tecnologías y la logística.

El futuro de la alimentación y de la agricultura avanza entre las preferencias de la población y la actualidad global, que ahora está condicionada por la situación pandémica.

Los expertos analizan qué es lo que se prevé a medio plazo en este tipo de industria.

Alimentos orgánicos y proteínas vegetales

Uno de los aspectos, que se está apreciando desde hace un tiempo en el ámbito agroalimentario, es el cambio de tendencia en las preferencias de consumo por parte de la población global. En concreto, según el estudio EU agricultural outlook for markets and income, 2019-2030, elaborado en 2019 por el departamento de Desarrollo Agrícola y Rural de la Comisión Europea, en el viejo continente se observa que las preferencias se van focalizando hacia los alimentos orgánicos y las proteínas vegetales.

Estas tendencias están propiciando un giro hacia la agricultura ecológica o responsable, donde la sostenibilidad adquiere una relevancia especial. Se tiende a buscar productos menos procesados, más cercanos y locales, lo que puede influir en el mercado alimentario. De hecho, esto afecta a los fabricantes, pues se ven en la necesidad de amoldarse a estas necesidades e invertir en un producto más acorde con lo que busca el consumidor final. Este giro hacia la proximidad también afectará a los flujos comerciales.

“A su vez, este hecho está generando un tipo de consumidor cada vez más exigente, que requiere el conocimiento de la trazabilidad completa del producto, como garantía del origen y procesado del mismo”, afirma Esperanza Gallego, consultora agroalimentaria.  Y añade cómo “se están desarrollando y poniendo en el mercado gran cantidad de sellos distintivos, como por ejemplo: marcas de garantía, que dan la confianza y seguridad al consumidor del tipo de producto que adquiere. Dichas marcas están respaldadas por la supervisión de robustas entidades de certificación, que garantizan el cumplimiento de estrictos estándares de calidad, dando la seguridad necesaria sobre las características de los productos, que portan los distintivos acogidos por dichas normas.

En definitiva, el sector alimentario se está moviendo hacia productos que garanticen su origen y procesado para cumplir las expectativas de los consumidores”.

De igual modo, están despuntando alternativas alimentarias, creadas a partir de la innovación y la investigación en centros especializados, para crear opciones de “laboratorio”, que al mismo tiempo resultan más sostenibles y respetuosas con el medio ambiente. Por lo tanto, se encuentran en la misma onda de protección del entorno natural.

Por otro lado, las proteínas vegetales cada vez cobran más protagonismo, según el informe de la Unión Europea, lo que tendrá repercusión en los cultivos de esta clase de alimento, cuyo incremento se prevé a medio plazo.

En general, la alimentación natural, la que no requiere de procesamiento alguno o del mínimo, es una preferencia que se está imponiendo en todo el mundo, tal y como se recoge en el documento The future of food and agriculture – Trends and challenges de la FAO (2017).

retos sector agroalimentarioSostenibilidad

Esta serie de preferencias, que se asientan cada vez con más fuerza en las pautas alimentarias de los ciudadanos, repercutirá en el sector agroalimentario.

La sostenibilidad se erige como un reto más de cara a los próximos años. En este sentido, hay que tener en cuenta la Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030, cuyos objetivos marcados suponen otro esfuerzo más para este campo de la industria.

Así, las empresas agroalimentarias se enfrentan a la emisión de gases de efecto invernadero como consecuencia de la producción ganadera, la pérdida de biodiversidad, la degradación de los recursos naturales o la utilización de pesticidas o agua, entre otros.

Para Alberto Palacios, cofundador de Farmidable y Sustainable Startup & Co, “la palabra sostenibilidad es un término muy manoseado en cualquier sector. Cuando hablamos en términos de sostenibilidad en la industria agroalimentaria, a veces tengo la sensación de green washing, ya que esto no se aborda desde una perspectiva holística, con un objetivo claro de transformación y un enfoque sistémico, para crear modelos sostenibles de acceso universal a una alimentación digna, sobre todo para aquellas personas de bajos recursos pertenecientes a colectivos vulnerables.

Por lo tanto, la alineación con algunos de los objetivos sostenibles se debe abordar desde lo económico, social y medioambiental, lo que se denomina el triple impacto. En España, existe un grupo de empresas en el sector de la agroalimentación que aplican este enfoque. Son las B-Corp. Farmidable, que fue uno de los primeros marketplaces del país, o Danone. Posteriormente se han unido más empresas del sector.

Para ser sostenibles no basta crear nuevos envases, que reducen el uso del plástico, sino que deben establecerse metas que impacten de forma positiva en cómo se produce: la trazabilidad de la materia prima, las condiciones de los trabajadores, la accesibilidad a los productos al conjunto de la población y el compromiso adquirido con ella”.

Para Arturo Basurto, consultor experto en estrategias y desarrollo de proyectos en el sector agroalimentario, “existen dos dimensiones cruzadas en una suerte de matriz.

En la primera dimensión o eje de la matriz, hay dos mundos con necesidades radicalmente diferentes: el de los países desarrollados, cuyas necesidades básicas de “alimentarse” están más que cubiertas y se mueven por otros impulsos; y el de los países no desarrollados o en desarrollo, que aún están en la dinámica de “alimentarse para sobrevivir” (o casi).

En la otra dimensión o eje, están las motivaciones de consumo, que pueden ser de tres tipos: sencillamente “alimentarse” (cubrir las necesidades básicas) o, cuando estas están ya cubiertas, existirían dos motivaciones antagónicas: la que tiende a lo natural, no procesado, healthy, bio, organic, vegano, km 0, etc.; o la que tiende al convenience, es decir, el producto preparado, envasado, que viaja, etc.

Desde nuestro mundo podemos caer en el error de focalizar análisis y retos (sostenibilidad, digitalización, …) desde las perspectivas de las “4 patas” (salud-placer-sostenible- convenience), pero no podemos olvidar que la parte mayoritaria de la población mundial está aún a otra cosa, a ”alimentarse”, y es ahí donde desde mi punto de vista está el mayor reto: cómo dar de comer a cada vez más gente, con cada vez menos recursos disponibles.

Los avances de la tecnología en la producción primaria tienen muchísimo que aportar ahí, y considera necesario destacar la importancia de la carne cultivada y su potencial para, precisamente, “dar de comer” con recursos infinitamente menores a los de la ganadería convencional”.

“En otra dimensión de la sostenibilidad en el sector agrario, entendiéndose como la que contribuye a la gestión del territorio y de sus recursos, el papel de la agricultura y la ganadería racional y de proximidad para abastecer al consumidor local es una prioridad. Con ello, acortando la cadena agroalimentaria y dándole valor, además se consigue un compromiso ecológico basado, por un lado, en una producción responsable bajo prácticas correctas y en las cantidades justas que evitan los excedentes, y por otro, en un consumo consciente e inteligente al conocer los alimentos y de donde provienen además de reducir el desperdicio alimentario”, concluye Cristina Tous, gestora de proyectos en la Fundació Agroterritori.

El tsunami demográfico

 Jaime Ruiz, presidente de Ruralidad.com destaca el enorme problema que supondrá el relevo generacional en el sector. “Tengo muy claro que el principal reto que va a tener que afrontar la industria agroalimentaria es que el 62% de los agricultores y ganaderos se jubilarán antes del 2.030, un auténtico tsunami demográfico que cerrará miles de explotaciones ganaderas y llevará al abandono de tierras y cultivos por falta de relevo generacional. Jóvenes y mujeres son la esperanza y una inversión de 1.100 millones del ministerio de agricultura como incentivo”.

Innovación y tecnología

Otro aspecto a tener en cuenta es la innovación y la tecnología. Estos dos puntos constituyen algunas de las claves para la evolución de la agroalimentación.

Esta inversión se hace necesaria por distintas razones, entre ellos la previsible reducción de la superficie cultivable. Y, de forma paralela, la posible disminución de trabajadores activos en las compañías dedicadas a esta área. Por estos motivos, la tecnología se presenta como una posibilidad interesante que mantendrá la producción de alimentos desde otra perspectiva.

Vicente J. Casanova, responsable de desarrollo de negocio en Hispatec Agrointeligencia, considera que “la transformación digital ofrecerá muchas oportunidades a las explotaciones agrarias y a las empresas que hacen posible la red agroalimentaria. La mayoría de ellas basadas en obtener datos y transformarlos en decisiones inteligentes, que optimicen costes y hagan más eficiente la cadena de valor de la empresa.”

Algunos de ejemplos de estas oportunidades serían “la posibilidad de acercarse directamente a los consumidores con información precisa sobre productos; la mejora de los procesos de producción; la compra sin intermediarios; el enriquecimiento de las relaciones digitales dentro del ecosistema agroalimentario; la reducción de pérdidas e ineficiencias en el uso de insumos de producción o químicos de protección de cultivos; la optimización en la toma de decisiones mediante el uso de analítica avanzada e inteligencia artificial; la simplificación de procesos;  la integración e interoperabilidad de plataformas de gestión y la cooperativización de los datos;  la mejora del rendimiento y de la calidad de la producción de su explotación; la trazabilidad del producto y, por supuesto, el cumplimiento de las exigentes normativas y certificaciones de calidad”.

Por su parte, Álvaro Señán, ingeniero agrónomo y experto en marketing  en el sector agroalimentario,  “la realidad actual está marcada por un modelo de industria agroalimentario cada vez más productivo, cuya rentabilidad futura está estrechamente correlacionada con la innovación y el desarrollo de nuevas soluciones aplicadas al campo.

La biotecnología agrícola se posiciona como uno de los grandes aliados para incrementar el rendimiento esperado por los agricultores, a la vez que se satisfacen las necesidades de los consumidores.

Durante las últimas décadas, la industria ha abusado de productos químicos como herbicidas, fitorreguladores y pesticidas, dejando de lado la sostenibilidad de los suelos, la salud humana y en muchos casos reduciendo la productividad a largo plazo.

El sector se enfrenta a un desafío sin precedentes, en un escenario de población creciente (9.700 millones en 2050) y con grandes amenazas naturales como el cambio climático y el aumento de plagas y enfermedades.

Entender la biotecnología aplicada a la agricultura como una herramienta de innovación fundamental, dentro del abanico de nuevas tecnologías, permitirá sentar las bases para el desarrollo de un sector agroalimentario productivo y sostenible, además de respetuoso con el medio ambiente y la salud de las personas, sin olvidar la rentabilidad de los agricultores”.

La influencia de la COVID-19

Las cadenas de suministro de alimentación se vieron alteradas por la pandemia producida por la COVID-19. A pesar de ello, el sector agroalimentario ha obtenido buenos resultados financieros y las previsiones apuntan a un aumento de la producción agrícola y al incremento de los precios. Por eso, las repercusiones en este sentido se miran desde la moderación.

Donde se ha notado de una forma más evidente la crisis sanitaria, con un vínculo directo con los alimentos, es en el mundo de la restauración. Esta se ha visto afectada de forma sensible por el momento pandémico actual, con el cierre continúo de establecimientos.

Por otra parte, la pandemia ha propiciado el aumento de la entrega de alimentos a domicilio. Este sistema se ha propagado con más rapidez durante estos dos últimos años y se espera que siga creciendo de cara al futuro.

Cabe destacar que con todo lo acontecido por la COVID-19, la seguridad alimentaria se ha puesto aún más en el punto de mira.

Enrique Riestra, consultor de calidad, seguridad e higiene alimentaria en Bías Consultoríarecalca como la violenta irrupción de la Covid-19 ha provocado que las empresas del sector agroalimentario, desde el campo a la mesa a lo largo de todos los eslabones de la cadena alimentaria, se hayan visto abocadas a una brusca reorientación y transformación de sus formas de trabajo para adaptarse a esta nueva situación”.  El consultor considera que “esta súbita evolución ha pasado, en muchos casos, por un refuerzo de las tecnologías enfocadas a la comunicación online. Desde aumentar la presencia en el hogar del consumidor hasta contactar con clientes, proveedores y entidades de certificación con reuniones en remoto que, si bien no sustituyen a las relaciones tradicionales, han supuesto un pequeño respiro y una forma de evidenciar que los tiempos están cambiando”.

Para Ricardo Migueláñez, director general de Agrifood Comunicación, “tras la pandemia, se consolida una mayor exigencia por parte de los consumidores en la producción de alimentos de forma más responsable. El consumidor valora aspectos como el respeto al medio ambiente, la seguridad alimentaria, la trazabilidad o el bienestar de los animales.

Los operadores están mejorando cada día, pero es necesario comunicarlo más para hacerlo patente frente a la sociedad, que todavía no valora el esfuerzo que supone para agricultores, ganaderos, la industria alimentaria y la distribución organizada.

Los alimentos de cercanía tendrán una demanda mayor gracias al e-delivery, que puede ayudarles a distribuir productos a cualquier punto, y esto, unido al desarrollo de la producción agroalimentaria de mayor tamaño, podría contribuir un poquito a que el despoblamiento se frenarse.

Solo falta que los consumidores valoren más los alimentos que encuentran en los lineales pagando su precio justo, lo que contribuiría a que cada eslabón de la cadena obtuviera una remuneración apropiada por su producto y su trabajo, y ayudaría a mantener el desarrollo de una producción alimentaria de calidad”.

 

IOR Consulting

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