ArtículosNoticias

Tendencias de alimentación en el mercado español

Por 10 abril, 2019 Sin comentarios

De acuerdo a Alberto Espinel, experto en Innovación e I+D alimentaria, el año 2019 puede ser el que defina un impulso hacia la exploración de nuevos gustos e intereses o, por el contrario, un año donde los consumidores terminarán buscando refugio en alguna de las costumbres del pasado.

En 2019 conviven las tendencias detectadas en años pasados, donde el público español incorpora alguna de las macrotendencias detectadas en Europa o globalmente, junto a la tensión por las expectativas relativamente pesimistas sobre el futuro económico y del mercado laboral, que pueden repercutir en los hábitos de consumo.

Tendencias de alimentación en el mercado españolEl consumidor español dentro de las tendencias del mercado

Los informes MINTEL sobre las tendencias en Alimentación y Bebidas han incidido en varias tendencias básicas que se han ido incorporando poco a poco en el mercado español, con retraso y cierta timidez, venciendo el conservadurismo tradicional del consumidor acerca de la exploración de nuevos alimentos, gustos y sabores.

  • Lo natural ha llegado para quedarse. Natural es una palabra breve que abarca múltiples aspectos. Abarca a las fuentes alimentarias, los ingredientes, los procesos y canales de venta. Se busca alimentos menos procesados, con menos ingredientes “artificiales” (o que el consumidor entiende como tales), que se relacionen con un respeto medioambiental. Aumentará la apetencia por productos locales, Km. 0, de huella de carbono reducida, con pocos ingredientes alimentarios, con menos aditivos, con tratamientos de proceso menos drásticos -como el uso de altas presiones hidrostáticas en vez de pasteurización en alimentos líquidos o embutidos, por ejemplo-, las etiquetas sencillas y fácilmente comprensibles, la reducción de materiales de envase y el reciclado. Junto a este concepto, aparece la admiración por lo artesano. Es una tendencia que proporciona vías de innovación potentes a sectores como el cervecero y permite la aparición de pequeños productores de alimentos y bebidas con éxito potencial.
  • Eliminación de “lo pernicioso”. La batalla contra la grasa o la sal está asumida desde hace tiempo por el consumidor con el respaldo de las autoridades alimentarias y la industria. El concepto “sin” o “reducido en” está plenamente aceptado, pero ha evolucionado y afecta a nuevos ingredientes. Algunos edulcorantes se han visto implicados en discusiones pseudocientíficas que pueden reducir su aceptabilidad. La grasa de palma ha estallado súbitamente como un componente perjudicial, lo que ha obligado al cambio de fórmulas a alguno de los fabricantes que tradicionalmente la incorporaban en sus productos aun asumiendo que cambian las características organolépticas de sus alimentos.
  • La funcionalidad. Concepto que marca el consumo y de cómo nos alimentamos. Supera la inclusión de vitaminas y minerales en alimentos tradicionales. Beneficia a toda la oferta que posee propiedades reales o percibidas relacionadas específicamente con la salud, el bienestar o la belleza.
  • La exploración de nuevos ingredientes y sabores. España está siendo destino, finalmente, de ingredientes ajenos a nuestra tradición culinaria. Productos como la quinoa o kale (antes conocida simplemente como lechuga rizada) se han incorporado con fuerza en el mercado español, algunos como fiebres pasajeras que terminarán cuando cambie la moda y otros de manera definitiva. Relacionado con esto se acepta el rescate de fuentes olvidadas. Por ejemplo, sólo en el mercado de cereales, aparecen con fuerzala espelta, la fabricación de panes con masa madre, el desarrollo de cereales innovadores, como el Tritordeum o procedentes de regiones remotas, como el teff. También se está abriendo la mano para concedernos explorar nuevos aromas y sabores, aunque de manera menos radical o frecuente que en el Norte de Europa. Esta tendencia beneficia a ciertos sectores, como el café y su oferta de granos de distinto origen y calidades, o el chocolate con la generalización de productos con alto contenido en cacao procedentes de diversos países. Las bebidas tampoco son ajenas a esta tendencia: las bebidas espirituosas suponen ya un universo particular con una oferta amplísima, que se extiende incluso a la elaboración de mocktails sorprendentes.
  • La honradez. Se buscan relaciones francas, abiertas y transparentes entre los productores, distribuidores y consumidores. Las empresas trabajan seriamente en los temas de responsabilidad social corporativa, la trazabilidad, o la construcción de historias creíbles entre otros, como indicativos de esta tendencia.
  • El e-commerce. Las grandes plataformas de distribución por internet han apostado por entrar en el mercado alimentario, aún pequeño, pero en constante crecimiento. En un país con cerca de 20 millones de consumidores on-line (Marketing4Commerce), con el boom de empresas dedicadas a la entrega de alimentos frescos o procesados y comidas a domicilio y la aparición de megaempresas como Amazon y su Prime Now (incluso en colaboración con distribuidores tradicionales, como los de los puestos del Mercado de la Paz en Madrid) marcan definitivamente esta tendencia.
  • La segmentación aumentada. La industria alimentaria atiende las necesidades particulares o percibidas de los consumidores para satisfacerlas en todo momento; en todas las ocasiones de consumo imaginables, incluso contrapuestas (alimentos poco procesados junto a ofertas de platos preparados) o con ofertas para adultos, para niños, para familias reducidas, para mujeres, para ancianos, deportistas, etc…

Las expectativas sobre el futuro

A lo largo del primer trimestre de 2019 se ha mantenido una tendencia negativa en la confianza del consumidor (según las encuestas del CIS) y aumenta el porcentaje de consumidoras que creen que el mercado laboral tiende a deteriorarse. Esta percepción, junto al hecho de que la presencia de las marcas blancas o del distribuidor es muy importante en el mercado alimentario y de bebidas, en perjuicio de las propuestas de los fabricantes, permite sospechar que algunas de las tendencias de consumo expresadas anteriormente pueden recortar su evolución, especialmente aquellas que puedan entenderse como prescindibles. Es de prever, en todo caso, que el futuro no sea tan angustioso para la innovación alimentaria ni que altere tanto los hábitos de compra como lo fue la larguísima crisis iniciada en 2008.

Por el contrario, el malestar económico puede suponer un reto tentador para el afianzamiento de otras de las tendencias indicadas. Todas aquellas que ofrezcan soluciones sencillas, baratas y accesibles tendrán facilitado su establecimiento.